¿Qué haremos cuando se vayan los villanos?

Por Carlos Alonso Romero
 

El villano de Texas

Cuando el nieto de Prescott abandone el despacho oval para fungir de consejero de una, dos o incluso tres empresas de recursos energéticos, para muchos la pesadilla habrá terminado. El malo, el que se come a los niños sin cocción previa, el que hace las veces de archienemigo de Michael Moore, olvidará en breve (si todo va bien, es decir, igual de mal) la política pública para retornar a la política furtiva, la que le es propia, la de los estrategas de verdad, la de apruébame esta ley que quiero ir con mis chicos a un par de yacimientos antárticos, la política de tirar la piedra y esconderse tras la OMC, la política de los auténticos "intereses vitales".

Entonces, si Dios existe y le da la gana, todos viviremos en un mundo un poquito mejor y nosotros los occidentales podremos volver a nuestras vidas de consumo y sobreacumulación. Más relajados, sin esa cara amarga de cowboy con aires luciferinos amargándonos el desayuno desde la portada del diario. Entonces probablemente pensaremos ¡Qué bueno que ya volvieron los discípulos de Kennedy! ¡Qué bonita pose de gobernante ético tiene este largo individuo de rostro anguloso!

Sí, recordemos a Kennedy, qué gran demócrata aquél señor tan seductor que invadió Cuba y se acobardó veinte veces frente a Edgar Hoover. Sí, que vuelvan los moderados, los que desean un imperio que no se note, ultrafino y sensible como una toallita femenina. Quién no recuerda al último moderado, aquel señor saxofonista de voluminosa cabeza, aficionado como todos nosotros al sexo oral, que prefería exhibirse en desembarcos humanitarios e inauguraba fundaciones por la democracia interpretando a Kenny G. Era un político moderado de actitud moderada y si no miren el embargo a Irak o el desastre de Yugoslavia. Aquél fue sin duda un embargo moderado con quinientos mil muertos moderados. Y lo de Yugoslavia fue también una consecuencia de la moderación política, qué duda cabe.

Se irá el demonio júnior y cualquier cosa parecerá mejor que este reino de las tinieblas. Pero habrá que estar atento a los actos moderados, a los actos moderados democráticos de intervención unilateral y a los actos moderados de salvaguarda de los "intereses nacionales". Ojo a los moderados ataques de Estados Unidos, en resumen.

Puede suceder que -de nuevo en un entorno silencioso- la crítica desaparezca, como en la sigilosa época Clinton. En aquellos días, los instrumentos de dominación no fueron las unidades aerotransportadas sino una descontrolada hipertrofia de las instituciones de Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Aquella época del crecimiento sin control fue la consolidación de los proyectos de tiranía financiera, que aún hoy aprietan. No fue un remanso de paz, recuérdenlo.

Aparcaré el sarcasmo por un momento y me pondré didáctico: no es conveniente creerse ningún cambio político que provenga de un país que cuenta con semejante industria de armamento, una beligerante nación que ha asentado más de 700 bases militares en 130 países. Huido Bush ¿Van a seguir fabricando armas simplemente para acumular stocks? ¿Van a convertir a sus tropas desplazadas en ONG's?

Recuerden todos que la guerra reciente no ha sido simplemente una aberración, ha sido otra aberración más que puede añadirse a la larga lista de agresiones que ha llevado a cabo el país norteamericano. ¿Puede esto cambiar con los demócratas? Lo dudo. ¿Alguna vez ha cambiado? Es más: creo que, después de un tiempo prudente para enfriar la opinión mundial, arremeterán con más fuerza contra algún país "comunista". En su mismo continente hay dos firmes candidatos a sujeto pasivo, uno empieza por Cu- y el otro por Ve-.

Recientemente llegó a mi bandeja de entrada una discusión que un padre republicano estadounidense mantiene con su hijo para convencerle de la conveniencia de atacar Irak. Evidentemente, se trata de una broma satírica. Teóricamente, el chiste consigue evidenciar la ausencia de motivos para la guerra. Es un mail que ha sido reenviado hasta la náusea y que me llegó de cuatro fuentes distintas en un solo día. Según el propio correo, la broma apareció en Saturday Night Live, un popular programa de televisión estadounidense.

En dicho correo, el niño hace el papel de inquisidor arrancando de su padre causas arbitrarias que éste intercambia de una respuesta a otra, con la conveniente razón cínica y la retórica democrática apropiada. El padre alcanza de este modo, frente a su hijo, el nivel intelectual de una alpargata.

El gag, aún siendo ingenioso, en ningún momento cuestiona los valores del sujeto activo, el invasor, EEUU. Por ejemplo, cuando el niño pregunta (la composición es mía) porqué detener a Hussein por torturas cuando en China también torturan, la lógica empleada queda en evidencia. Son reflexiones recurrentes que siempre regresan a las mismas conclusiones. Siempre los mismo epítomes: China, Cuba, los estados árabes y cualquier nación que el consenso estadounidense considere obsoleta.

Puede compartirse la crítica a estas naciones o no, no pienso entrar en ese tema. La cuestión es que el guionista está censurando una agresión iniciada por su propio gobierno y para ello se sirve de otros países que, gracias a Dios, no atacan a nadie. El guionista satírico que redactó ese guión conduce bastante bien la lógica belicista estadounidense, que no objeta ejército ni agresión. Con esa lógica, si ellos no arremeten contra todos los países que carecen de democracias parlamentarias capitalistas es porque no alcanzan. Y atacar a uno solo de sus enemigos es algo así como hipócrita, o cobarde. No lo entiendo muy bien.

En el gag, jaleado por todos mis amigos que detestan a Bush, las causas que invoca el niño para no atacar son siempre comparativas, nunca reflexivas. Si se ha atacado a B para evitar X, porqué no atacar a C que también hace X. La falta de coherencia, dentro de este discurso argumentativo, no proviene de atacar concibiéndose a la vez como una nación pacífica y democrática sino de no atacar a todos los que incumplen las condiciones subjetivas de justicia e igualdad que imponemos.

Se cuestiona de esta forma igual que en los debates televisivos: argumentativamente y sin tener en cuenta la acción principal y la responsabilidad del acto emprendido. Resultaría más lógico plantear: si atacamos a B porque no nos gusta su X, porqué no puede C atacarnos si no le gusta nuestra X. Más sencillo: si inicio un acto bélico sin que me ataquen antes, qué lógica impide que otro país lo inicie contra mí. ¿No es necesario creer previamente que la soberanía de los demás países no existe? O puesto en positivo: ¿se concibe EEUU como un estado justiciero, superior por su grandeza económica y militar?

Bajo esta lógica belicista que ostentosamente exhiben demócratas de EEUU y de todo el mundo, los actos de agresión son malos sólo cuando no están bien motivados. Y para la motivación -por si la oración anterior no fuese de por sí escandalosa- no hace falta contar con unos criterios éticos sólidos. Esto es: un acto de agresión de EEUU nunca es malo sino erróneo, equivocado. No se trata de un problema de concepción sino de dirección.

En marzo de 2003, cuando se inició la agresión, la mayoría de demócratas estadounidenses respaldaron el ataque sin condenar la violencia preventiva ni el unilateralismo. Ahora se dejan ver mostrando su preocupación por las mentiras que envolvieron dicho ataque. ¿Algún crédulo traga? Con o sin mentiras, aquello era insostenible por tratarse de un acto de agresión ilegal. Ni más ni menos.

En consecuencia, parece racional deducir que los demócratas, como lección, han aprendido que para sus próximas guerras tendrán que cimentar mentiras sólidas, que no se muevan con las lluvias.

Será fácil hacerlo mejor que sus predecesores.

Si los republicanos pierden, se irá el demonio y llegarán los angelitos demócratas. ¿Desmantelarán entonces la CIA? ¿Retirarán las bases militares en territorios extranjeros? ¿Cuestionarán el fundamento de las intervenciones militares? ¿Remitirá el anti-izquierdismo visceral que exhiben desde tiempos de la guerra fría? Y aún más: ¿Permitirán que los criminales de guerra recorran los pasillos del congreso como los representantes de lobbies que siempre han sido? ¿Retirarán la ofensiva comercial sobre los recursos energéticos andinos? ¿Abandonarán el hostigamiento de Cuba? ¿Respetarán la revolución tibetana? ¿Contendrán las ganas de desembarcar de nuevo en Haití para "restaurar la democracia"? ¿Firmarán el protocolo de Kioto? ¿Reconocerán la jurisdicción del TPI? ¿Excarcelarán a los cinco? ¿Freirán a Mumia? ¿Permitirán sindicarse a los trabajadores de Wall Mart?

Lamentablemente, el innombrable ha conseguido hipnotizarnos. Hay un mundo tras el villano, sosteniéndolo, arropándolo. El mismo mundo que ahora empieza a encumbrar a Kerry. Multinacionales y multimillonarios.

El villano pucelano

Como persona eminentemente incapaz, ni ser facha supo, que es lo más fácil que hay. Basta con negar toda diferencia y practicar la igualdad extrema proyectando tu persona en la multitud. Homosexuales, no hay. Gente pobre, no hay. Ciudadanos críticos, no hay. Comunistas, no hay. Y si existen, son irrelevantes.

En realidad, para el GRAN LÍDER, todos son católicos, quieren cuatro hijos y una empresita propia. Todos. Es más: hasta las mujeres desean en secreto ser hombres y los subsaharianos, convertirse en blancos castellanos de la ribera del Duero.

El GRAN LÍDER ha funcionado estupendamente como polarizador de perspectivas. En la extraña política actual de personalización de los conflictos -sin duda una herencia del individualismo imperante- el GRAN LÍDER ha hecho las veces de santo y de Satán. El empresariado cañí saltaba de alegría con cada nueva propuesta mientras los socialdemócratas de la rosa y el puño encontraban al fin un enemigo que les cohesionase. Y así permanecieron, cohesionados hasta que el GRAN LÍDER anunció su marcha. Entonces surgieron grietas y quedó a la vista que sólo están de acuerdo contra el GRAN LÍDER. Ponerse de acuerdo para proponer un proyecto es otro tema. Independiente, absolutamente independiente. Como Carod.

Se va El GRAN LÍDER y la marcha de este insigne estadista y como tal, criminal de guerra, deja huérfanos a la mayor parte de la derecha centrista que consiguió convertir, contra todo principio geométrico, el centro en un extremo. ¿Cómo? Muy fácil, basta con desplazar los puntos de referencia. Ahora el PSOE es el PP hace ocho años y el PP es Alianza Popular. Y ser progresista es ser de derechas. El segmento de la política posible se ha desplazado cientos de kilómetros a la derecha.

Además, la fuga del GRAN LÍDER abre múltiples incógnitas sobre su futuro: ¿Será a partir de ahora director de una fundación de cohesión democrático-empresarial latino-española en Miami? ¿Cómo afectará esto a Cuba? ¿Escribirá su propia versión sobre el contubernio comunista que puso a la opinión mundial contra la guerra de Irak? ¿Recuperará la movilidad en el labio superior? ¿Para cuando su estatua ecuestre en el parque del retiro?

Pero la gran pérdida no sólo afectará a la población asustadiza y a los políticos socialdemócratas sino que los periodistas y opinadores profesionales sufrirán un enorme shock, seguido de un horrible vacío de rencor. ¿Qué va a ser de tantos y tantos críticos de la actualidad sin su demonio, sin su saco de arena? ¿Qué espasmo sacudirá la redacción de El País? ¿Qué sucederá con J.L. Cebrián, que con tanta clarividencia, ocho años después, había emprendido una valiente y novísima cruzada contra el fundamentalismo democrático? Y Juan José Millás ¿volverá a escribir sobre insectos? Rosa Montero ¿podrá seguir practicando el NiNi: ni Castro ni Saddam ni Bush ni Blair, nininininini?

Al igual que puede suceder con las próximas elecciones de EEUU, la retirada de EL GRAN LÍDER nos dejará sin villanos. Porque en esta política de formas y lenguaje de madera no hay mucho que pueda hacerse sin un enemigo. La partida de rol se quedará sin master. Ahora que la política ya no es política sino, como dice Callinicos, exhibición de la personalidad ¿qué mejor personalidad que la de villano? ¿No es ese el papel favorito de todo actor?

Una vez estos villanos hayan abandonado la nave y descansen en un resort cinco estrellas: ¿ Volveremos a ser "absurdos elementos antisistema"? Y otra pregunta incrédula: ¿No estaremos concibiendo como compañeros de viaje lo que no es sino una unión puntual de "ciudadanos moderados contra la ultraderecha"? CMCU, podrían llamarse.

En la última gran manifestación que convocó la plataforma Aturem la Guerra, aquí en Barcelona, el grito que con más énfasis se repitió fue "Aznar dimisión". Y sí, está bien, que dimita, que se vaya, que se pudra. Pero en la manifestación se intentó básicamente que la gente condenase la posguerra, la ocupación de Palestina y que se apoyase la revolución bolivariana. No era una huelga general: era una manifestación antibélica. Pero no se escuchó ni un murmullo contra esas "otras" agresiones del imperio. ¿Palestina? ¿Venezuela? ¿Qué es eso? ¿Son países?

"Aznar dimisión" ahogó toda consigna. Y había que ver las caras indignadas: individuos enrojecidos de ira, descoyuntados, niños pequeños repitiendo el rugido de los padres, "Aznar dimisión", "Aznar dimisión". De todas las medidas que podrían arreglar los perjuicios causados, la menos importante es la capitulación del presidente. Se exigía el fin a una invasión militar, apoyo a una revolución pacífica, el fin del lento genocidio de Palestina… pero la mayor parte de los ciudadanos insistía en bramar contra el villano. "Aznar dimisión", "Aznar dimisión" ¿Creen honestamente que de ese partido puede salir un líder mejor, más ético? ¿Se manifestaría un líder del PSOE contra la ocupación de Palestina, en favor de la revolución Bolivariana o por el retorno de la soberanía al pueblo iraquí?

Una proposición humilde: creo que podríamos abandonar esta personalización excesiva. Esta manía de apellidar los problemas sistémicos del salvajismo neoliberal. Así sólo se consigue que Rajoy parezca moderado y el PSOE una alegre algarabía de querubines. Y se pierde el enfoque en los principales problemas, problemas de clase, de subdesarrollo, de distribución de riqueza, de inmigración, de discriminación. Agresiones verdaderamente integrales que no pueden singularizarse. Aunque se vayan estos villanos (el innombrable y el fuhrercito), hay una larga lista de voluntarios para reemplazarles. Y no todos podrán ser juzgados por crímenes de guerra: los habrá más sutiles, más sencillos o más maquiavélicos. Pero villanos igual.

Llegarán pronto, estemos atentos.

FUENTE:  REBELIÓN  ( http://www.rebelion.org/imperio/040210alonso.htm )

 

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